La memoria de las estructuras: el silicio y el agua
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La memoria de las estructuras: el silicio y el agua

Las estructuras que almacenan la vida, como por ejemplo nuestro cerebro, son capaces de retener información. Así lo hacen otras estructuras creadas por el hombre como son los ordenadores, las computadoras, al igual que otros aparatos electrónicos. No nos planteamos como sucede, simplemente lo hacen. Pero ¿como almacena un ordenador la información en sus circuitos? Utilizando un mineral.

 

Un par de párrafos explicativos y nos ponemos con el tema interesante. Pues bien, un circuito integrado, también conocido como chip o microchip (entre los que encontramos los chips de memoria), es una pastilla pequeña de material semiconductor (es un elemento que se comporta como un conductor o como un aislante dependiendo de diversos factores, como por ejemplo el campo eléctrico o magnético, la presión, la radiación que le incide, o la temperatura del ambiente en el que se encuentre), sobre la que se fabrican circuitos electrónicos.

 

Uno de los tres tipos de circuitos integrados (chips) que existen actualmente son los circuitos monolíticos, es decir, formados por un único cristal, el cual suele ser habitualmente el silicio; por esta razón se conoce como Silicon Valley (Valle del Silicio) a la región de California en la que concentran numerosas empresas del sector de la electrónica y la informática.

 

El Silicio es el segundo elemento químico mas abundante en la corteza terrestre; los minerales que contienen silicio constituyen cerca del 40 % de todos los minerales comunes, incluyendo más del 90 % de los minerales que forman rocas volcánicas. El mineral cuarzo, sus variedades (cornalina, crisoprasa, ónice, pedernal y jaspe) y los minerales cristobalita y tridimita son las formas cristalinas del silicio existentes en la naturaleza. El dióxido de silicio es el componente principal de la arena. Los silicatos (en concreto los de aluminio, calcio y magnesio) son los componentes principales de las arcillas, el suelo y las rocas, y de piedras semipreciosas como el olivino, granate, zircón, topacio y turmalina.

 

Y, ¿a que viene toda esta información? Simplemente, resulta sorprendente que el silicio, elemento que usamos para los chips de memoria, se encuentre de forma natural en la arena (material entre otros que utilizamos para hacer hormigón, con el que realizamos la mayor parte de nuestras construcciones), en los minerales de cuarzo, arcillas y rocas. Nos plantea la capacidad real y no estudiada de estos materiales de contener información.

 

Muchas culturas de la antigüedad, así como referentes de la nueva era actual, han utilizado y utilizan en sus rituales y ceremonias diferentes cristales para sostener la energía (aquí la gracia del hecho que el silicio es un material semiconductor), ademas de para registrar una memoria. Las piedras que encontramos tanto por el camino como en las paredes de una catedral, pueden contener y retener de forma natural sin que seamos conscientes de ello, determinadas energías del pasado, así como registros y memorias de otros tiempos.

 

¿Nos afectan de algún modo estas energías o memorias incrustadas en estos materiales? La posibilidad existe. A pesar de que en el cuerpo humano no contiene una gran proporción de silicio, si tenemos, todas las formas de vida, una gran cantidad de carbono, que al igual que el silicio es un gran semiconductor.

 

Permitidme además hacer referencia a otro elemento de nuestro planeta y de todos los organismos vivos que sí se ha demostrado que retiene la información, y que esa información retenida modifica su estructura. Estoy hablando de el agua. No se si habréis leído acerca de la memoria de agua. Existen estudios científicos en los que se ha demostrado como una palabra (que no es más que un sonido estructurado con una intención concreta) es capaz de modificar la configuración del agua. El agua como molécula puede adquirir diferentes conformaciones en tres dimensiones, podríamos decir coloquialmente que tiene una estructura muy flexible.

 

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Masaru Emoto, un investigador japonés, desarrolló un estudio acerca de las diferentes formas que adopta el agua al cristalizar. Realizó diferentes fotografías microscópicas del la cristalización del agua recogida de diferentes puntos (manantiales, zonas urbanas). En su investigación fotografiando gotas congeladas comprobó que los diminutos cristales formados, constituyen patrones hexagonales con una configuración tal dependiendo no solo de su origen, sino ademas de su resonancia a ciertas palabras o expresiones.

 

Los cristales mantenían una estructura geométrica más exacta cuando el agua procedía de manantiales con gran diferencia del agua de grifo (pues esta apenas formaba cristales geométricos, eran deformes o no existían). ¿Puede la ausencia de cristales hexagonales ser un indicio de que la fuerza vital de una determinada zona ha sido puesta en peligro energéticamente?

 

Entre sus técnicas estaba exponer el agua a la música como vemos en la imagen, en la que los cristales variaban en función de la nota musical entonada (do, re, mi, fa, sol y la). Pero no se contentó con estas pruebas, además realizó fotografías de la misma agua antes y después de ser  expuesta a una oración.

 

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Este investigador, al igual que sus experimentos, tiene muchos detractores; no obstante quisiera añadir que el sonido es una onda que tiene una determinada frecuencia y que en medicina los ultrasonidos (que se encuentran fuera de nuestro rango de audición) son ampliamente usados en multiples tratamientos (pueden ojear el artículo acerca de la ciencia del sonido). Además, nuestro cerebro funciona con diferentes longitudes de onda, o lo que es lo mismo, con diferentes frecuencias, y aun no conocemos el efecto que nuestros pensamientos, físicamente, tienen en la realidad que nos rodea, ni si se plasman en ella o no.

 

Para terminar solo quisiera añadir que ya sea el agua (que es otro gran conductor) o el cuarzo o la arena o las rocas (materiales que contienen Silicio), son capaces de transmitir y almacenar energía, y tal vez, también información.

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