El verdadero origen de la dualidad está en tu mente
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El verdadero origen de la dualidad está en tu mente

La dualidad nos genera conflicto y sufrimiento. Parece ser que el mundo en el que vivimos sea una realidad dual. Bueno o malo, blanco o negro, alto o bajo, víctima o culpable… Pero, ¿y si te dijera que la realidad no es dual?,¿Y si la dualidad sólo existe en tu mente?

 

Antes de adentrarnos en la complejidad y el engaño de la mente, empezaremos por definir algunos conceptos importantes para abrir nuestra percepción.

 

A lo largo de nuestra vida, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro cuerpo físico cambian. Pasamos por estados de tristeza, alegría, enojo. Podemos ser de derechas o de izquierdas, defender una forma de vida o otra totalmente opuesta, el pensamiento es flexible y voluble. Y, como no, nuestro cuerpo cambia, envejece. Pero existe una parte de nosotros que se mantiene intacta, igual desde el nacimiento; una parte de nosotros que diferentes culturas han llamado “el observador”. Esto es lo que conocemos como el “yo”. Es la parte de nosotros que vive la experiencia de la vida, que está ahí siempre.

 

Pues bien, el primer punto de engaño, consiste en identificarse con nuestro cuerpo, pensamiento o emociones. Somos una parte más profunda. Creamos nuestras emociones y pensamiento en función de cómo percibimos la realidad, en función del punto desde el que enfocamos. El cuerpo, es el medio de transporte, el vehículo a través del cual experimentamos la realidad, pero tampoco somos nosotros verdaderamente.

 

Así pues, al identificarnos con estas tres creaciones del yo, nos generamos sufrimiento.

 

El segundo punto de conflicto son los apegos: ¿Que crea los apegos mentales y emocionales? Los creamos al identificarnos con nuestros pensamientos y emociones (cosa que ya hemos visto que no somos), la identificació, de opiniones, creencias, pensamientos, emociones… al no querer dejar ir una opinión, por ejemplo, por identificarnos con ella, por pensar que dejamos de ser una parte de nosotros mismos si la dejamos ir (no puedo ser de izquierdas, porque siempre he sido de derechas). Nos genera conflicto.

 

Una vez aclarado lo principal, llegamos al final del camino, el último punto de conflicto, el lugar en el que nace la dualidad: nuestra mente. ¿Como puede ser que la dualidad sea un producto nuestro y no la realidad del mundo en el que vivimos?

 

Al principio he mencionado como el “yo”, el “obserbador”  es la parte de nosotros que vive la experiencia de la vida, haciéndolo a traves de la mente, el cuerpo y las emociones; a través de ellas, sin identificarse con ellas.

 

Pues bien, el “observador”, el “yo”, aunque resulte redundante, observa. Existe el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia. ¡Esta es la raíz de la dualidad!

 

Me explicaré mejor. Mientras exista un observador, y algo observado, el observador siempre modificará la realidad. Seguirá existiendo la dualidad. Pues un observador, para experimentar, para procesar lo experimentado, inevitablemente se identifica, compara, juzga: esto me gusta, esto no me gusta, esto es mejor o peor…  Si existe un observador, un pensador, que está dirigiendo, que es el centro, eso nos aparta de lo observado, de la experiencia, generando la dualidad primigenia: un observador y algo a observar; dos cosas.

 

El estado en el que la dualidad desaparece por completo, en el que realmente acontece la unidad, es el momento en el que nos dejamos de identificar con el observador, y nos desapegamos del “yo”. Es el momento en el que nos convertimos, simple y sencillamente en “la observación”.

 

¿Alguna vez te ha sucedido, seguro que sí, que de pronto percibes algo y en ese momento de percepción desaparecen todos los problemas? Justo en ese instante en que se percibe el problema, éste desaparece por completo. Momentos, tal vez segundos, en los que simplemente “estabas allí”. Ser el vivir, en lugar del experimentador q vive la experiencia. Ese es el momento en el que desaparece la dualidad.

 

 

 Fuente:

Libro “Darse cuenta”, colección de charlas de Jiddu Krishnamurti.

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