Cómo la humanidad se ha esclavizado a sí misma.
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Cómo la humanidad se ha esclavizado a sí misma.

La mayoría de la gente no cree estar esclavizada, aunque algunos creen estarlo por la élite gobernante. Huimos del presente anhelando el futuro o añorando el pasado. Cuando miramos más profundamente esta situación, podemos ver que, de hecho estamos esclavizados o atrapados por nuestras propias mentes.

 

El hombre es un esclavo. No nace como un esclavo, nace libre. Nace con libertad, pero se encuentra encadenado en todo el mundo. Él vive en cadenas, muere en las cadenas. Esta es la mayor calamidad que ha sucedido a la humanidad.

– Osho

 

¿Sentimos lo mismo que expresamos?

 

Normalmente tenemos una sensación y, a continuación, está la expresión de ese sentimiento. La sensación es la intención, la motivación, la fuerza de conducción. La expresión es la acción que tomamos para expresar este sentimiento. Así es como funcionamos, sentimos un impulso, una emocion, y lo expresamos. Pero el conflicto y el sufrimiento surgen cuando la expresión no coincide con la sensación, y  lamentablemente,  esta es la situación de la mayoría de la humanidad.

 

Por ejemplo, un artista tiene un fuerte sentimiento sobre algo, que es auténtico; lo expresa en el lienzo. Esta expresión agrada a algunas personas y compran su trabajo; con ello gana dinero y reputación. Su expresión se dio cuenta y se pone de moda. Al buscar reproducir algo con una cualidad y calidad similar, la expresión se convierte en habitual y estilizada, acaba siendo un estandard. Inevitablemente, la expresión se vuelve más importante que el sentimiento, y pronto la sensación se evapora.

 

Cuando la continuación del sentimiento es la expresión, el conflicto no se plantea, y no hay ninguna contradicción. Pero cuando el beneficio y el pensamiento (el deseo, el poder, el dinero, el estado, el ego) intervienen, la sensación se pierde por la codicia, y nos convertimos en esclavos del deseo, y el ego. La pasión del sentimiento es completamente diferente de la pasión de expresión, y la mayoría de la sociedad está atrapada en la pasión de expresión.

 

En resumen, priorizamos el exterior a lo interior. Lo que debería expresar o lo que los demás quieren o esperan que exprese, contra aquello que verdaderamente nace de mi interior. Ese sentimiento, que desea ser expresado en libertad y sin otro decorado que su propia esencia.

 

 

Cada uno de nosotros es único y diferente, pero al manipular lo que expresamos (sentimientos o pensamientos) por creencias de cualquier tipo (por creer que gustaremos más, por el qué dirán, por poder, prestigio o por vergüenza), dejamos de ser nosotros y dejamos de ser únicos. Somos una copia más del sistema.

 

En el plano laboral, es extraño encontrar a alguien cuya vida y carrera reflejen totalmente su sentimiento. Alguien a quien no le importe lo más mínimo la remuneración. Alguien que verdaderamente valore su trabajo por si mismo. Tal vez fuese así al principio con la mayoría de la gente; la emoción de la novedad, las nuevas perspectivas. Pero como en la mayoría de los puestos de trabajo, ese sentimiento es rápidamente sustituido por la necesidad de sobrevivir.

 

¿Es la vida un trabajo?

 

Vivimos en un mundo donde la vida es básicamente un trabajo. Creemos que es “normal” tener nuestra alarma establecida por la mañana, despertar y correr. Que es necesario sacrificar todo el día con el fin de ganar dinero, con la vista puesta en el fin de semana para descansar. ¿Es esta la vida que imaginábamos cuando eramos niños? ¿Estamos realmente en este maravilloso planeta para hacer que todo en la vida gire alrededor del dinero?

 

Nos engañamos pensando, “Bueno, sí, tengo que dar y sacrificarme para que otros puedan ser felices.” Y lo hacemos sin mirar o poner un pie fuera de la caja que hemos creado para nosotros mismos. Nos quedamos atrapados por el miedo; miedo a lo desconocido. Pero en verdad, hay millones de personas en todo el mundo que viven en esencia, con apenas nada, que tienen una fracción de las posesiones que poseemos, y son diez veces más felices y contentos.

 

Sacrificamos el presente para poder vivir felices en el futuro. Sacrificamos tiempo con los hijos, amigos, familia; sacrificamos vacaciones, caprichos, despertares. Pero el futuro no suele llegar como uno planea, a veces ni tan siquiera llega. Así que, ¿por qué sacrificar el presente, que sí existe, por un futuro que igual no llega?

 

¿Por qué no hacer cambios? ¿Realmente necesitas lo material?¿No te llena más la gente, los momentos? ¿Necesita trabajar tantas horas? ¿Vas a traer a la vida tus pasiones y sentimientos más profundos?¿O renunciarás a ello por miedo, comodidad o sacrificio?

 

¿Cómo saber en que punto estamos?

 

Se puede decir que el sentimiento es la expresión: cuando te sientes creativo, espontáneo, emocionado o apasionado. Al saltar de la cama, cuando el mundo se parece a un gran patio de recreo. Eso es un buen indicador.

 

También es igual de fácil decir cuando la expresión se ha convertido y el sentimiento se ha disuelto. Es exactamente lo contrario. Cuando luchas para levantarte por la mañana, cuando se quiere estar en otro lugar, cuando se mira hacia el fin de semana, cuando tu mente está puesta en el final del mes.

 

Nos sentimos esclavos del mundo, de nuestra mente, cuando evitamos vivir en el presente y esperamos el futuro con anhelo o añoramos el pasado.

 

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